lunes, 24 de agosto de 2009

Curiosidades: Falsos descubridores. El teléfono.

El mundo está lleno de inventores, de genios, de pioneros y de descubridores. A lo largo de las distintas entradas, hemos visto algunos de ellos, como los protagonistas de algunas de las fechas mas importantes del Siglo XX o como los primeros que surcaron el espacio estelar. Sin embargo, muchos de los grandes nombres de la historia, no han sido más que meros oportunistas que han logrado escribir su nombre en grandes letras doradas utilizando en muchas ocasiones el trabajo de otros o una sucesión de curiosos rebotes.

A lo largo de los siguientes post iremos viendo algunos de ellos. En el post de hoy:

Alexander Graham Bell.

Todos conocemos a Alexander Graham Bell como el pionero inventor del teléfono, el cual patentó en 1876. Aquel que pronunció la famosa frase de "Venga, Sr. Watson, le necesito" para comunicarse con su ayudante con quien probaba un novedoso experimento y que se convirtió oficialmente en la primera comunicación humana a través del más adelante llamado teléfono... y sin embargo, no es así.


Alexander Graham Bell y su primer teléfono.

Durante los últimos años, salió a la luz la historia de un hombre llamado Elisha Gray. El cual intento patentar un invento semejante al teléfono de Bell tan sólo dos horas después que éste. Años de litigios acerca de la autoría del invento y de quien presento primero la patente no determinaron a ciencia cierta quien estaba en posesión de la primicia, por tanto se abogó por la vieja y natural ley de... el primero en llegar gana. De este modo Bell ha ostentado la autoría del invento durante décadas.

Elisha Gray
Elisha Gray

A raiz de ahí Bell, que mejor inventor o no, fue un genio de las finanzas, comenzó una revolución en un mundo en el que el amo absoluto era el telégrafo y su empresa maás importante la Western Union. En un principio, Bell trató de venderle su patente a la Western, quienes consideraron al teléfono como poco más que un juguete.
Despechado, Bell, se dedicó a recorrer diversas ferias y congresos con su nuevo invento con regular éxito, hasta que en una exposición de Filadelfia, apartado por sus contemporaneos hasta un apartado stand próximo a los aseos la historia cambió. El emperador Pedro II de Brasil mientras esperaba cerca de los servicios, se fijo en el peculiar stand de Bell y se interesó por su invento, quien sorprendido, lo recomendó en todos los rincones de la alta sociedad. El entusiasmo se extendió rapidamente hasta llegar a la mismísima Reina de Inglaterra.

A raiz de ahí la fama corrió como un regero de polvora y en tan sólo unos pocos años, era raro quien no poseía un teléfono. La Wester Union trató de contraatacar viendo como su telégrafo era rapidamente desbancado del panorama, y contando con el prototipo de Elisha Gray y un grupo de científicos de élite entre los que se encontraba Thomas Alva-Edison, intentaron introducir en el mercado su propio teléfono.
Fue entonces cuando Bell puso en juego su habilidad para el mundo empresarial con un abogado de peso, quien logró hacer primar la patente obtenida por Bell frente al capital de la Western.

Telegrama Wester Union
Telegrama de la Western Union.

Tiempo después la Bell Company creció tanto que el propio fundador decidió venderla y vivir de las rentas que le repercutieron, dando lugar a una de las industrias mas fructíferas de la historia. Elisha Gray, quedo relegado, sus multiples juicios contra Bell nunca tuvieron éxito, y su nombre practicamente se perdió en el olvido.

Con el paso de los años, se verificó que en realidad el desarrollo de Gray era mas completo que el de Bell quien sólo patento unos bocetos sencillos, frente al artilugio funcional que presentó Gray en la oficina de patentes y a raiz de ahí, se comenzó a considerar a Gray como el oficioso que no oficial inventor del teléfono... parecía que tras años de juicios y frustración al fin se reconocería a Gray como el legitimo pionero. Y de repente, hace cosa de unos poco años, un tercer nombre salió a la luz: Antonio Meucci.

Antonio Meucci
Antonio Meucci.

En el años 1860, casi 16 años de que Bell realizara su patente, un prolífico, pero modesto inventor italiano llamado Antonio Meucci, desarrolló un aparato que le permitiera comunicarse desde la platea del teatro donde trabajaba, hasta la habitación de su esposa, postrada en una cama, a través de un hilo eléctrico.

Su precaria situación económica, junto a la situación de salud de su mujer, le impiden realizar patentes formales de muchas de ellas y más tarde le obligan a vender muchas de ellas y algunos de sus inventos. Sus intentos posteriores por recuperarlas fueron imposible, por lo que trabajó para reconstruir el que consideraba su mejor invención, su teléfono rudimentario, del cual consigue obtener una pequeña patente temporal en 1871 que solo pudo renovar hasta el año 1873, ya que una patente formal y permanente costaba cerca de 250$. Meucci, trató en vano de promocionar su invento, quien al igual que Bell se topó con las férreas negativas de la Western Union.

Cuando la patente de Meucci caducó, parte de la documentación fue extraviada y nunca le fue devuelta. Poco tiempo después, Bell, del que se sabía tenía amistades en la oficina de patentes, presenta los esquemas de un "telégrafo parlante" extremadamente semejante a los diseños de Meucci. Los litigios posteriores de Meucci por obtener la autoría del teléfono fueron rechazados. Su concición económica y la imposibilidad de combatir con elcreciente poder industruial de la Bell hicieron embarrancar el caso hasta más allá de la muerte de Meucci en 1989.

Finalmente en 2002, el Congreso de los EE.UU formalizó a Meucci como el legítimo inventor del teléfono. Sin embargo, los royalties, la fama y el reconociemto adquirido por Bell a lo largo de las últimas décadas, dificilmente podrán ser devueltas.

Telefono de Meucci
Teléfono de Meucci.

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